In El blog de LM INGECON

Se llama habitabilidad de una vivienda a su capacidad para ser habitada en condiciones adecuadas por el ser humano. Para determinarlas, existe una normativa que establece ciertos requisitos mínimos para que una vivienda pueda ser utilizada como hogar.

Tras superar un acto administrativo técnico se obtiene el conocido como certificado de habitabilidad. Con todo, es posible aumentar la adecuación de esas características realizando mejoras y reformas.

El certificado de habitabilidad

Cada comunidad autónoma regula y supervisa la habitabilidad de las viviendas situadas en su territorio. Así, un técnico cualificado homologado revisa el inmueble y concede o no esa certificación.

En función de las circunstancias del inmueble, hay dos clases de certificados:

— Cédula de primera ocupación. Se concede a las viviendas nuevas y su validez es de unos 25 años.

— Cédula de segunda ocupación. Corresponde a las antiguas, preexistentes o rehabilitadas. Su vigencia se sitúa entre 10 y 15 años.

Los criterios que se aplican para conceder estas certificaciones de habitabilidad son tres:

  1. Habitabilidad. Se establecen ciertas dimensiones, superficies y dependencias mínimas irrenunciables. Para ello, resulta imprescindible contar con al menos un dormitorio, un baño completo y una cocina-comedor-salón con las partes diferenciadas.
  2. Salubridad e higiene. En concreto, cuestiones relacionadas con la iluminación y la ventilación.
  3. Seguridad. Es preciso cumplir ciertas exigencias sobre las instalaciones de fontanería, eléctricas y de telecomunicaciones. Además, se evalúan y validan los materiales utilizados en los muros, los techos y los suelos.

¿Cómo podemos mejorar la habitabilidad de nuestra vivienda?

Sin género de dudas, este es un concepto cualitativo antes que cuantitativo. Resulta evidente que ese control de mínimos es necesario para garantizar el derecho a una vivienda digna que tenemos todas las personas.

No obstante, no es un fin en sí mismo. Lo importante es contar con un hogar satisfactorio y cada vez más adecuado. Con tal fin, conviene realizar mejoras y reformas capaces de aumentar el bienestar en los inmuebles.

Principalmente, se concretan en las siguientes áreas de actuación:

  • Disponibilidad energética. En el hogar consumismos de modo habitual electricidad, calefacción y agua, entre otros suministros. En pleno siglo XXI, la mayoría de los habitantes del primer mundo hemos asumido como natural su disponibilidad cotidiana. Por desgracia, no todos los seres humanos tienen acceso a ello. Por otra parte, la eficiencia energética es un objetivo-tendencia plenamente consolidado y es momento de apostar por la sostenibilidad ecológica. La optimización de estos recursos y su mejor aprovechamiento elevan la habitabilidad de los inmuebles. Así, decantarse por el autoconsumo es una opción atractiva.
  • Satisfacción térmica. La satisfacción hogareña está muy influida por las condiciones atmosféricas. No en vano, el cambio climático nos obliga a soportar veranos tórridos e inviernos gélidos. En ese sentido, la calidad de nuestra vivienda queda condicionada por el confort térmico que nos proporciona. Aspectos como el aislamiento en las paredes, las puertas y las ventanas generan mejoras ciertas en la satisfacción del hogar.
  • Aislamiento acústico. Silencio significa paz, relajación y descanso. La influencia negativa del ruido exterior se puede evitar con una serie de acciones técnicas y reformas asumibles. Dormir mucho mejor, desconectar sin problemas y trabajar más concentrados son las consecuencias positivas. Los profesionales aportamos soluciones ciertas en función de cada situación y problemática.
  • Ventilación y aire puro. ¿Cómo respiramos en nuestra vivienda? ¿Estamos expuestos a un círculo vicioso de aire impuro, malos olores o falta de ventilación doméstica? Cuando los residentes comprenden que su hogar no está suficientemente ventilado, han de pasar a la acción. El bienestar desciende y los perjuicios para la salud, si se prolonga dicha situación en el tiempo, son tan ciertos como dañinos.
  • Calidades materiales. La elección de los elementos constructivos de un inmueble influye decisivamente en la satisfacción real de sus habitantes. Aunque las casas y los pisos antiguos suelen presentar más carencias en este aspecto, algunos inmuebles modernos también han sido construidos con componentes deficientes. Las consecuencias se aprecian, sobre todo, a largo plazo, con una reducción de la durabilidad y, como consecuencia de ello, fallos y molestias en la funcionalidad y la estética. En el peor de los casos, generan perjuicios para la salud de los moradores. Así pues, la sustitución y mejora de estos materiales es una acción habitual que los especialistas realizamos en multitud de espacios y viviendas.
  • Iluminación. La luminosidad en el hogar es sinónimo de alegría y ambiente positivo. Los espacios sombríos deprimen, agobian y aumentan el estrés. En ocasiones, la estructura original impide incrementar la presencia de luz natural en los espacios. Sea como sea, existen hoy en día soluciones tecnológicas muy avanzadas para iluminar de modo óptimo cualquier espacio humano. En determinadas circunstancias, es preciso renovar la instalación eléctrica; en otras, basta con aplicar sencillas soluciones al alcance de todos.

 

Cuando se trata de mejorar la habitabilidad, el confort y la satisfacción domésticos, nuestra experiencia nos avala. En INGECON somos especialistas en Passivhaus con un gran prestigio en toda clase de proyectos y rehabilitaciones.

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